• Une vision moderne sur le célibat au XXI siécle

     

    Je vous laisse cet article: une présentation très intéressante et moderne sur le célibat. Le sujet de l'amour partagé est "au cœur de nos vies". Je l'aise cet article dans sa langue de rédaction et invite à tous ceux qui seront vraiment intéressés à le lire, de se procurer la traduction. Salutations. 

    La soltería es un estado mental

    La escritora y periodista Kate Bolick se ha convertido en fenómeno global, esa cosa llamada trending topic, gracias a su libro Solterona, la construcción de una vida propia, que ahora edita Malpaso en nuestro país

     
     
     

    Fotograma de la película 'Frances Ha' (Cordon Press)

     

    ¿La soledad es condición necesaria para ser escritora? Este dilema me persiguió toda la veintena. No era solo que estuviese encantada con la idea del enamoramiento (¿quién no?), es que no podía dejar de estarlo; de los 14 a los 19 años tuve tres relaciones duraderas monógamas. A medida que el tiempo pasaba, comencé a alimentar la secreta convicción de que si persistía con esta adicción sentimental y no navegaba lejos del refugio de la vida en pareja, no sería capaz de desarrollarme plenamente. Sabía que si quería alcanzar mi propósito de una necesaria soledad para pensar de manera individual, necesitaba aprender a vivir sola, manteniéndome a mí misma emocional y financieramente; debía ser capaz de soportar la inevitable soledad.

    El mundo que me rodeaba no era muy acogedor en este sentido. Era fines de los noventa y principios de los dos mil, una época conservadora en Norteamérica. Todo el mundo que conocía o se había casado o estaba a punto de hacerlo. La cultura popular ofrecía pocos ejemplos de felices mujeres solteras, todas ellas, de cualquier forma, obsesionadas con las citas y con casarse. Por suerte he sido siempre lectora voraz. Incapaz de encontrar modelos en el presente, miré hacia atrás, devoré biografías y libros de historia a la búsqueda de mujeres muertas, que en épocas más represivas que la mía, habían ignorado la visión dominante sobre cómo una debería vivir, trazando su propio camino. Hay muchas.Cuando una de estas mujeres me producía curiosidad, me sumergía en sus textos, tratando de leer lo que dejó escrito y todo lo que otros escribieron sobre ella, hasta que su voz tomaba consistencia en mi mente y se volvía alguien con quien conversar y debatir.

     

     
    La escritora Kate Bolick (Foto cortesía de la editorial Malpaso)

     

    Con el paso de los años me sentí más unida a cinco escritoras: la ensayista Maeve Brennan, la columnista Neith Boyce, la visionaria social Charlotte Perkins Gilman, la poeta Edna S. Vincent Millay y la novelista Edith Wharton. Todas ellas fueron consideradas solteronas en algún momento de sus vidas, dicho de manera despectiva; y, sin embargo, fue en esos momentos de radical autosuficiencia cuando todas ellas desarrollaron su potencial y fueron capaces de dejar una impronta duradera. Cada una poseía una fuerza silenciosa que me ayudó a sentirme cómoda, a aceptarme, y me enseñaron el modo de romper con las cadenas de la corrección política y el camino para comenzar a escribir seriamente.

    Fue el hecho de estar sola, con la compañía beneficiosa de esas mujeres, lo que me permitió encontrar mi manera de estar en el mundo, esa en la que realidad y fantasía coexisten con facilidad, y a ser, por fin, independiente. Las llamo mis despertadoras (término prestado de Edith Wharton), y no heroínas. No creo que hoy necesitemos más heroínas; hemos ganado muchas batallas, pero sigue siendo útil tener pensadoras predilectas con las que poder conversar en privado.

     

    Es un estado por explorar y, más aún, que celebrar. Muchas mujeres, hoy y ayer, han elegido y eligieron permanecer solteras. Pero no todas. En mi caso, haber estado soltera durante los treinta, hizo que me convirtiera en la persona autosuficiente e independiente en la que deseaba convertirme. Mi trabajo ahora es fundamental para mí y disfruto de mis vínculos familiares, también de mis muchas amistades. Me llevó mucho tiempo conseguir este equilibrio interno y, ahora que lo tengo, no siento que la soledad sea necesaria para la independencia (de hecho, me he vuelto a comprometer en una relación amorosa).

    Creo que en el siglo XXI, época en la que hemos conseguido superar tantas normas caducas, ser solterona tiene poco que ver con el estado civil, es un estado mental: se refiere a una mujer, igual da si está soltera o emparejada, que goza de una vida interior definida y propia.

     
       

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